Las raíces de la Aromaterapia se remontan a más de 3.500 años antes del nacimiento de Cristo, cuando  aparecen los primeros registros del uso de compuestos aromáticos  en la historia humana. En realidad, la historia de la Aromaterapia está inexorablemente ligada al desarrollo de la Medicina Aromática, que en los primeros días era estaba intrínsecamente ligada a  la religión, el misticismo y la magia.

(El siguiente fragmento ha sido cedido amablemente por Rosa Pujol, directora de la asociación "Amigos de la Egiptología")

Decía Plinio que...

“El perfume tiene como característica ser la más superflua de las manifestaciones del lujo; las perlas y las joyas acaban perteneciendo a los herederos de sus dueños, y las ropas duran cierto tiempo, pero los perfumes pierden rápidamente su aroma y mueren a las pocas horas. Su principal cualidad es que cuando pasa una mujer, su aroma puede llamar la atención de otras personas, incluso de quienes están ocupados en otras cosas. ¡¡Y cuestan más de 400 denarios la libra!! Todo ese dinero se paga para dar placer a otros, ya que la persona que usa el perfume, no lo huele.” 

Los perfumes egipcios eran bastante diferentes de lo que hoy en día entendemos como perfumes. Los perfumes actuales son líquidos y tienen en su mayoría el alcohol como vehículo. Por el contrario, los egipcios jamás destilaron sus aromas ni utilizaron alcohol como agente, sino que sus perfumes eran en forma de aceites o grasas perfumadas. Aunque de alguna manera ya iban entreviendo las bondades del vino (único alcohol del que disponían) para aligerar los perfumes demasiado fuertes. Pero eso lo veremos después.

El perfume como se conoce actualmente pudo tener su inicio en el S IV cuando Aristóteles comenzó a destilar sustancias. Más tarde en el S X los árabes perfeccionaron las técnicas y adquirieron gran maestría y renombre en el arte del perfume. Los elaborados y exquisitos perfumes árabes siguen gozando de gran fama, si bien a los occidentales nos parecen algo empalagosos, y generalmente, preferimos aromas más frescos.

En los albores de la Historia, los egipcios simplemente olían las flores y frutas al natural, o quemaban sustancias aromáticas solas, o mezcladas con aceite. Por ejemplo el incienso y la mirra no requieren más tratamiento que el de ser quemadas en un pebetero. Pero pronto se animaron a hacer combinaciones con diferentes hierbas, raices, flores, maderas o semillas aromáticas, y aprendieron a fijar los aromas con otras sustancias.

Se conocen muchos perfumes egipcios por las recetas que dejaron en las paredes de los templos, en los llamados “laboratorios”. Estos tipos de perfumes también son mencionados por griegos y romanos, y sabemos que se vendían en los mercados de estos países.

Como en otros muchos aspectos de la cultura egipcia, nuestros informadores son Plinio (Naturalis Historia), Teofrasto (De Odoribus), Herodoto y Plutarco (De Iside et Osiride). Igualmente merece mención especial Dioscórides y su Materia Médica en la que nos ilustra sobre todas las hierbas y plantas, así como su uso. El también trató de revivir los perfumes a partir de las fórmulas antiguas. Por otra parte, al igual que en temas de alimentación y medicina, el romano Apicio y posteriormente Próspero Alpini nos sirven de nexo entre la antigüedad y nuestros días, gracias a sus estudios en estas materias.

Es bien conocido por todos la importancia que los antiguos egipcios daban a su aspecto físico. En esto, como en tantas otras cosas, podemos considerarlos una sociedad avanzada, a pesar de su antigüedad. Para ellos eran importantes los vestidos, las pelucas, las joyas, el maquillaje y, como no, los ungüentos y los perfumes, que en ocasiones eran más caros y apreciados que el oro o la plata.

Los ungüentos y perfumes les resultaron imprescindibles. No olvidemos que Egipto es un país extremadamente caluroso y seco, por tanto las grasas que hidrataban y suavizaban su piel eran una necesidad, que ellos a lo largo de su historia fueron convirtiendo en lujo. Es más, parece lógico que añadieran elementos aromáticos a estos ungüentos, en parte por placer, y en parte para disimular el olor a rancio que, sin duda, tendrían los aceites y grasas. Así, los perfumes jugaron un importante papel a la hora de mitigar los olores corporales y ambientales derivados del calor.

Desde las primeras dinastías, los perfumes y ungüentos formaron parte del ajuar funerario (recordemos los 7 aceites sagrados) y resultaron indispensables en los ritos de los templos. La calidad y el exotismo de los perfumes egipcios hizo que fueran conocidos en todo el mundo antiguo, de manera que en el IM ya se comerciaba con todo el Norte de Africa y con Creta. Así, los perfumes y las materias para su elaboración viajaron con profusión por el Mediterráneo.

Encontramos referencias a este comercio en naufragios, yacimientos, en tablillas asirias, en Turquia en Creta y en Grecia. Incluso en Arabia (país famoso por su devoción a los perfumes) buscaron cosas nuevas en Egipto.

La evidencia más clara de esta afirmación la constituye el naufragio en la costa sur de Turquia de un barco de carga que había estado haciendo la ruta por diversos puntos del Mediterráneo cargando mercancías. Entre ellas había una partida de resinas. La fecha aproximada de este hecho nos viene dada por un sello de oro con el cartucho de Nefertiti, es decir, alrededor del 1350 a.C. Dicho cargamento constaba de cerca de cien vasijas de resina identificada como Pistacia terebinthus, un árbol que crece en Chipre, en Kios y en Palestina, y destinadas a Egipto para elaborar perfumes. Abundando en estas referencias, en un fragmento de vasija hallado en Amarna encontramos la siguiente inscripción:

“Resina fresca perteneciente al capitán Ini, purificada para el fabricante de ungüentos Jaemuaset”

El tal capitán Ini pudo muy bien haber sido patrón de un barco similar al del naufragio de Turquía al que antes nos referíamos. Lo cual no hace más que darnos pistas sobre el constante comercio de sustancias aromáticas por el Mediterráneo.

El clima de Egipto favorece el crecimiento de multitud de flores y plantas aromáticas silvestres. Pero además, los egipcios cultivaron otras muchas especies en sus jardines, a veces traídas al Valle del Nilo desde otros países.

Ellos se sentían orgullosos de sus jardines, que les proporcionaban frescor, sombra, frutos y flores, y que constituían un lugar muy apreciado de la casa. Vemos con frecuencia pinturas en las que aparecen los jardines, y en las que especifican cada una de las especies que allí aparecen. Eran jardines ordenados, y casi siempre rodeaban un lago. Para ilustrar el tamaño de algunos jardines, baste el ejemplo del jardín de Nebamun en el que había:

  • 170 palmeras datileras.
  • 120 palmeras dum.
  • 5 higueras.
  • 2 moringas.
  • 12 viñas.
  • 5 granados.
  • 16 algarrobos.
  • 5 espinos.
  • 8 sauces.
  • 10 tamarindos.
  • 5 acacias.
  • 2 mirtos.
  • 5 árboles desconocidos.

Sabemos que los egipcios contaban con dioses para casi todos los aspectos de su vida cotidiana y para el Mas Allá. En el caso de los perfumes, tambien tenían sus patrones. El dios que habitualmente se tiene como patrón de los perfumes es Nefertum, dios habitualmente representado como un niño, o un joven surgiendo de una flor de loto, en clara referencia al ciclo solar puesto que esta flor se abre al amanecer orientada al este y se cierra y desaparece bajo el agua en la oscuridad. Su nombre significa simplemente “El Loto”, y ya aparece citado en los TT.PP. como “el que no tiene igual” y “la flor de loto perfumada en la nariz de Ra”. Todos estos aspectos lo convirtieron en el dios de los aromas y los ungüentos.

Pero aún tenemos otro dios relacionado con los perfumes, se trata de Shesmu, que ya aparece en los TT.PP.. Es este un dios de figura antropomorfa, que a veces aparece como dos halcones que retuercen una red en la prensa. Lleva el título de “Maestro de los Perfumes” en los templos de Edfú y Dendera, por lo que aquí tendríamos al dios de los perfumistas. Quizás este patronazgo se debiera a su cualidad de “prensador”, ya que prensaba los cuerpos de los pecadores para obtener vino que dar a los difuntos y otorgarles fuerza. Por esto también se consideraba dios de las bodegas y del vino. Por tanto, pensamos que sea esta característica de manejar la prensa lo que le hace dios de todo cuanto se obtiene a traves de prensa. Era un dios beneficioso en general, aunque maligno para los pecadores. Su contrapartida femenina es la diosa Shesmetet.

(fin del artículo)

  

EL TESTIGO RECOGIDO POR GRECIA

La riqueza de la farmacopea botánica egipcia ya había sido asimilada por otras culturas durante milenios. Así, los asirios, babilonios y hebreos bebieron de las fuentes del   vasto conocimiento de la medicina aromática egipcia. A medida que el imperio egipcio entra en decadencia y finalmente se desmorona  alrededor del 300 aC, la hegemonía de la Antigua Grecia cobra importancia en la historia, y es allí donde se desarrollan nuevos métodos de curación en el contexto de un nuevo sistema de conocimiento basado en la ciencia empírica.

 El médico griego  Asclepio alrededor de 1200 a.C.  combinó el uso de hierbas y la cirugía con una habilidad incomparable. Su reputación llegó a ser tan grande que después de su muerte fue divinizado como  dios de la medicina en la mitología griega, y en su honor se erigieron miles de lujosos templos de curación (hospitales) conocidos con el nombre de  Asclepieion.

El padre de la medicina, Hipócrates (alrededor del  460-377 a.C.) rechazó la creencia egipcia de que fuerzas sobrenaturales eran las causas de la enfermedad y proclamó que debía encontrarse una génesis natural mediante la observación del paciente, la identificación de una sintomatología y la realización de un diagnóstico.  Hipócrates empleó tratamientos fisioterapéuticos, baños, masajes con aceites y maceraciones así como el consumo interno de hierbas como el hinojo, el perejil, el hipérico o la valeriana. Se dice que llegó a estudiar y documentar más de 200 hierbas y plantas, advertía de que la cirugía sólo debía usarse como último recurso y fue de los primeros en considerar el cuerpo como unidad orgánica, verdadero principio fundamental de la Aromaterapia: el holismo.

Fundadores de la Botánica y la Farmacología

Tras la invasión de Egipto por  Alejandro Magno  en el siglo III a.C., el uso de compuestos aromáticos, hierbas y perfumes se popularizó en Grecia y hubo un gran interés en todas las cosas fragantes. Teofrasto de Atenas, filósofo y discípulo de Aristóteles, investigó todo lo relacionado con las plantas e incluso  cómo los olores afectan a las emociones. Escribió varios volúmenes de botánica incluyendo “La historia de las plantas”,  que se convertiría en  manual de referencia en  ciencia botánica en los siglos venideros y por lo cual es reconocido como fundador de la Botánica.

El médico y militar  Dioscórides (40-90 dC), que sirvió en el ejército de Nero, viajó en expediciones militares por Grecia, Alemania, Italia y España, en las cuales investigó y registró gran documentación sobre plantas, entre ella,  describió el hábitat de las plantas, cómo realizar preparados y almacenarlos, y sobre todo, las propiedades curativas. Realizó una ingente obra de farmacopea botánica de 5 volúmenes denominado “De Materia Médica”, también conocido como “Herbarius” que contenía más de mil plantas medicamentosas, más de 600 plantas y sustancias aromáticas con sus descripciones e ilustraciones. Por esta obra, Dioscórides es conocido como fundador de la Farmacología.

 Tal vez el más  influyente de todos los médicos griegos fue Claudio Galeno, que vivió entre 129-199 dC y estudió medicina a la edad de diecisiete años. Comenzó su carrera de medicina con  28 años bajo la ocupación romana de Grecia, y se encargó  del tratamiento de las heridas de los gladiadores con hierbas medicinales. Esta experiencia única le proporcionó la oportunidad de estudiar  heridas de todo tipo, y se dice que ni un solo gladiador murió bajo el cuidado de Galeno. Dadas su pericia y sus éxitos, rápidamente llegó a ser el médico personal del emperador romano Marco Aurelio, y en Roma se dedicó toda su vida al estudio de la medicina y a los tratamientos farmacológicos con plantas y materias aromáticas.Galeno fue el último de los grandes médicos grecorromanos, y  100 años tras su muerte, el Imperio Romano comenzaría a declinar, sumiendo a Europa en la Edad Media.

La destilación de aceites esenciales se le atribuye a los persas en el siglo X, aunque hay pruebas de destilación en tiempos mucho más antiguos. En el siglo XVI el médico alemán Hieronymus Braunschweig escribió varios libros sobre la destilación de aceites esenciales que se imprimieron en todos los idiomas europeos. En 1597 se hace referencia a 25 aceites esenciales que incluyen el romero, la lavanda, la canela, la mirra y la nuez moscada. Alemania en el s. XVI podría ser considerada el centro del renacimiento de la Aromaterapia europea.

 El papel de los microorganismos en la enfermedad fue reconocida en los años 1880 a 1887 por los médicos franceses que registraron por primera vez pruebas de laboratorio sobre las propiedades antibacteriana de los aceites esenciales. Estas primeras pruebas fueron el resultado de la observación de la disminución en la  incidencia de tuberculosis en los distritos franceses. En 1888 se publicó un informe en el que se habían eliminado microorganismos de fiebre amarilla con aceite de orégano, canela corteza, angélica y geranio.

En el siglo XIX el papel del médico estaba bien establecido y, a pesar del uso regular de los aceites esenciales, se vieron “forzados” a aislar y usar los principios activos en laboratorio y la producción de drogas químicas basándose en el principio activo de la sustancia natural.

 Sin embargo, se podría señalar que, la profesión médica francesa  y alemana mantiene una estrecha relación con la práctica de la medicina botánica y el uso de los aceites esenciales  y no experimentó el cisma con la medicina botánica  experimentada en el resto de Europa y  Estados Unidos durante los últimos doscientos años.

 En 1910, René Gattefosse descubrió las propiedades curativas de la lavanda después de quemarse gravemente las manos en una explosión de laboratorio.

 Más tarde se utilizó la cicatrización de heridas y propiedades antisépticas de los aceites esenciales en el cuidado de los soldados en los hospitales militares durante la Primera Guerra Mundial. Gattefosse acuñó el término "aromaterapia" con la publicación de su libro 1937, del mismo nombre. El Dr. Jean Valnet, un cirujano del ejército francés utilizó aceites esenciales en el tratamiento de heridas de guerra durante la guerra de Indochina  y escribió  “La práctica de la aromaterapia”.